El Apostolado de la Oración de Toledo

El Apostolado de la Oración -que conozco y aprecio desde hace muchos años- quiere hacer resaltar el valor apostólico de la oración en la Iglesia. Ese valor se funda en la exhortación de S. Pablo que recomendaba orar por los hombres “eso es bueno y grato a los ojos de Dios nuestro Salvador”  y sobre la eficacia de la oración hecha en nombre de Jesús, en común, junto con la Virgen María. Al inculcar la espiritualidad del “ofrecimiento” en unión con la oblación de Cristo en la Santa Misa, el Apostolado de la Oración sigue las huellas de la enseñanza del Concilio, que ha presentado el Sacrificio Eucarístico como fuente, centro y cumbre de la vida cristiana y pone en su justo valor la “plegaria de los fieles” que la Iglesia ha introducido de nuevo en la celebración eucarística y en la Liturgia de las Horas. (Extracto del discurso de S. Juan Pablo II de 13 de Abril de 1985)

Pero, ¿qué es el Apostolado de la Oración y cuál es su programa espiritual?

Nada más sencillo como responder a estas preguntas, por medio de alguno de los artículos que definen sus estatutos.

Todos los fieles, por el bautismo, participan del “oficio” sacerdotal, regio y profético de Cristo, y están destinados por el mismo Señor a ejercitar la actividad apostólica, según la propia vocación de cada uno.  (artículo 4)

Dentro de esta vocación universal al apostolado, el Apostolado de la Oración constituye una asociación de fieles que, por medio del Ofrecimiento diario de sí mismos, se unen al sacrificio eucarístico en el que se renueva continuamente la obra de la Redención, y, de este modo cooperan a la salvación de todo el mundo por medio de una unión vital con Cristo, de la que depende toda la fecundidad del apostolado. (5)

A semejanza de Cristo que propagó su Reino enseñando y haciendo obras de misericordia, pero también, ya desde el comienzo redimió al mundo ofreciendo su vida al Padre por los hombres, orando por ellos y consumando su oblación por el Misterio Pascual, del mismo modo todo apostolado externo debe ir unido a la oración y el sacrificio para cooperar a la edificación del Cuerpo de Cristo en virtud del Sacrificio de la Cruz. (6)

Esta unión con Cristo, Sumo Sacerdote, requiere necesariamente una íntima unión personal con El por amor; por eso el Apostolado de la Oración atribuye una excepcional importancia al culto al Sagrado Corazón , por el cual los fieles, penetrando más hondamente en el misterio   del amor de Cristo, y participando mejor del Misterio Pascual del mismo Señor, corresponden al amor con el que Nuestro Salvador se inmoló a sí mismo para vida del mundo y dio vida a su Iglesia, nacida de su Corazón traspasado (Jn 19,34)  (7)

El Programa Espiritual del Apostolado de la Oración.

Para ejercitar esta vocación apostólica, el Apostolado de la Oración ofrece a los fieles un programa de espiritualidad apostólica, cuyo centro es el Sacrificio Eucarístico y, que consta de estos elementos: (8)

  • El Sacrificio de la Misa y la Ofrenda Diaria.

Siendo el Sacrificio Eucarístico la fuente y la meta de toda evangelización, del cual dimana la eficacia de toda actividad de la Iglesia, es menester que la espiritualidad de los fieles se regule por el Misterio Eucarístico, penetre y moldee toda su vida y los conduzca a una participación consciente y vital de este Misterio. (9)

Por eso el Apostolado de la Oración insiste en el ofrecimiento diario, por el cual se ofrece uno mismo a Dios, por Cristo, con todas las oraciones, obras, trabajos, penas y alegrías por las necesidades de la Iglesia y la salvación de todo el mundo. Esta oblación se encierra en las palabras de la Constitución Dogmática Lumen Gentium en su número 34:

Cristo Jesús, Supremo y eterno sacerdote porque desea continuar su testimonio y su servicio por medio de los laicos, vivifica a éstos con su Espíritu e ininterrumpidamente los impulsa a toda obra buena y perfecta. Pero aquellos a quienes asocia íntimamente a su vida y misión también les hace partícipes de su oficio sacerdotal, en orden al ejercicio del culto espiritual, para gloria de Dios y salvación de los hombres. Por lo que los laicos, en cuanto consagrados a Cristo y ungidos por el Espíritu Santo, tienen una vocación admirable y son instruidos para que en ellos se produzcan siempre los más abundantes frutos del Espíritu. Pues todas sus obras, preces y proyectos apostólicos, la vida conyugal y familiar, el trabajo cotidiano, el descanso del alma y de cuerpo, si se realizan en el Espíritu, incluso las molestias de la vida si se sufren pacientemente, se convierten en “hostias espirituales, aceptables a Dios por Jesucristo” (1 Pe 2,5), que en la celebración de la Eucaristía, con la oblación del cuerpo del Señor, ofrecen piadosísimamente al Padre. Así también los laicos, como adoradores en todo lugar y obrando santamente, consagran a Dios el mundo mismo.” (10)

Esta oblación espiritual, que pertenece al sacerdocio común de los fieles, es también un ejercicio de su oficio profético, por exigir un testimonio de vida, caridad, trabajo y actividad apostólica; de modo que, viniendo de acuerdo con la oblación hecha, manifiestan ante los hombres a Cristo que vive en sus fieles, y dan testimonio de la verdad. Semejante testimonio de toda la vida, nacido de la fe, la esperanza y la caridad, es el principio y la condición necesaria en todo apostolado, y no puede suplirse por ningún otro medio. (11)

Y puesto que el Señor instituyó el Sacrificio Eucarístico a modo de banquete, los miembros del Apostolado de la Oración, siguiendo las huellas del Concilio Vaticano II, no sólo toman parte en la celebración Eucarística con frecuencia, sino aún diariamente, si les es posible, y en ella reciben el Cuerpo del Señor, que es sacramento de piedad, signo de unidad y vínculo de caridad. (12)

  • El culto al Sagrado Corazón.

Cristo movido por el amor, no sólo dio su vida por nosotros, sino que nos incorpora a los misterios de su vida y nos hace “pueblo escogido y real sacerdocio”. Es menester, por tanto, que le correspondamos con nuestro amor. Y, puesto que la Iglesia nos enseña a ver expresado de modo especial este amor en el Corazón de Cristo y nos invita a cultivar este amor, simbolizado en su Corazón, como manantial de salvación y de misericordia, el Apostolado de  la Oración se esfuerza con todo su empeño en que sus miembros se familiaricen con la espiritualidad y culto al Sagrado Corazón. Se consagran a sí mismo a Él, en respuesta al Amor del Señor, y le ofrecen reparación por sus pecados y los de todo el mundo, y practican y fomentan las diversas formas de este culto, aprobadas por la Iglesia. (13)

Imiten el ejemplo de amor del mismo Cristo a los hermanos; y por la caridad que el Espíritu infunde en nuestros corazones, amen a Aquel que nos amó con corazón humano. (14)

  • Devoción a la Santísima Virgen.

Los miembros del Apostolado de la Oración veneran con amor filial a la Santísima Virgen María, Madre de la Iglesia, tan íntimamente asociada a la obra de la redención. Imitan el ejemplo de la que como esclava del Señor se entregó plenamente con todo corazón a la persona y a la obra de su Hijo. Por eso hagan su ofrecimiento a Dios por medio de ella, como medianera nuestra que es ante su Hijo. Ofrézcanle cada día el Rosario, o al menos un misterio, encomendado a su Corazón maternal con todo fervor las necesidades de la Iglesia. Fomenten de buen grado en general el culto a la Santísima Virgen, sobre todo el litúrgico, conscientes de que, no solo no impide la Madre de la unión entre todos los fieles con Cristo, sino que la fomenta con su valimiento maternal. (15)

  • Sentir con la Iglesia.

Para que pueda cumplir la Iglesia su misión de unir a todos los miembros con Cristo y entre sí, y realizar la edificación de su cuerpo místico por el Sacrificio Eucarístico, es menester que todos los miembros fomenten entre si y en los demás el deseo de sentir con la Iglesia Universal y participar en todas sus solicitudes. A este fin hacen su ofrecimiento diario por las intenciones que el Sumo Pontífice propone cada mes por medio del Apostolado de la Oración y las que, en caso de mayor urgencia, encomienda a las oraciones de los fieles.

Incluyen también en su ofrecimiento aquellas intenciones por la que los Prelados, en su región, piden oraciones. (16)

  • Asiduidad en la oración.

Además los miembros del Apostolado de la Oración se dan cuenta de que la humanidad se halla hoy en una nueva etapa de su historia, y está agitada por profundos y rápidos cambios y por graves desequilibrios; en consecuencia urge la necesidad de orar incesante y fervientemente para que, quebrantado el poder del Maligno, el mundo, liberado por Cristo crucificado y glorioso, sea transformado según los designios de Dios y llegue a su consumación. (17)  

Siguiendo pues el mandato del Señor de “orar siempre y sin desfallecer” los miembros tienen en sumo aprecio cuanto se refiere al fomento de la práctica de orar. A ejemplo de la Iglesia, que no cesa de tomar el pan de vida de la mesa de la Escritura; cultivan la oración mental y las diversas formas de oración vocal, según libre elección, y procuran fomentar en sí y en los demás los Retiros y Ejercicios Espirituales, que son escuela excelente de oración y unión con Dios en la acción. (18)

DIRECTOR DIOCESADO DEL APOSTOLADO DE LA ORACIÓN EN TOLEDO

D. Pelayo Rodríguez Ramos.
Parroquia de Ntra. Sra. de la Natividad
Cedillo del Condado
Toledo

“El Apostolado de la Oración puede dar una aportación valiosa y concreta a la difusión en todos los niveles de la afirmación grande y consoladora de que cada cristiano puede estar unido íntimamente a Cristo Redentor por medio del ofrecimiento de su vida al Corazón de Cristo”.

S. JUAN PABLO II